lunes, 20 de octubre de 2008

Encrucijada poética por Tania Agüero Dejo



Encrucijada poética.
Deseo, marginalidad y lesbianismo en la poesía peruana:
Castañeda, Moromisato y Barrientos



La poesía escrita por mujeres ha tenido acogida desde de los años 80; sin embargo, la crítica peruana ha mostrado cierta reticencia y guardado silencio sobre aquella poesía que aborda una temática infrecuente, como lo es el deseo y la sexualidad lésbica. Para empezar, citaremos primero a Cristina Peri Rossi, poeta uruguaya y una de las principales en tratar el tema, ella opina lo siguiente en una entrevista:

“[...] La literatura no es lesbiana, una mujer es lesbiana [...] No es la literatura la que es lesbiana, sino que ciertos libros tratan acerca de las conductas lesbianas. En todo caso, se puede hablar de que el lesbianismo para mí es una forma espontánea de feminismo; eso sí. Pero, la escritura también. […] El yo literario es ficticio. Cuando yo pongo «yo» en la página no soy yo, es decir, no soy completamente yo. Es una ficción. [...] Los libros no tienen sexo. Tienen sexo los autores”. (Maiki Martín Francisco s/f).


Nuestro interés en esta ponencia es analizar principalmente los poemarios Interiores (1994) y Carnet (1996) de Esther Castañeda, Diario de la mujer es ponja (2004) de Doris Moromisato y El innombrable cuerpo del deseo (1992) de Violeta Barrientos, como textos representativos de un corpus hasta ahora muy poco estudiado por la crítica local. Se trata de una poesía afectiva y sugerente que muestra cómo el Yo poético afirma primero, su identidad femenina así como su corporeidad para, en seguida, compenetrarse con el otro, el ser amado.
Para explicar el profundo universo de la poesía de estas tres autoras, debemos hacerlo desde la marginalidad, porque sólo entendiendo el desarraigo que deben sentir dichas poetas, comprenderemos con mayor facilidad el mundo homoerótico representado en sus poemas, los cuales a continuación analizaremos.
Para empezar, debemos afirmar que a pesar de que estas escritoras se refieren a la misma marginalidad, el tratamiento que se desarrolla en sus textos es muy diferente. Así, por ejemplo, encontramos a una madura Esther Castañeda (1947), quien nos habla del amor desde un punto de vista más bien reposado, esto es, desde la experiencia adquirida. Así la voz poética resulta una suerte de rama que llevada por un río tranquilo nos enseña siempre el significado intrínseco del deseo, que es simbolizado por medio del encuentro de la pareja, en el que lo lúdico y la brevedad son muy significativos. Por otro lado, cabe destacar la dilación en lo que respecta a la publicación de los poemarios de Castañeda. Esto debido probablemente al anhelo de ella de perfeccionar su arte en cada entrega.
Pasemos ahora al análisis detallado de dos poemas. Hemos escogido “Continuidad” del poemario Interiores e “Ilusión” del libro Carnet. Veamos a continuación:

CONTINUIDAD

Juegas a retirarte
desafías la debilidad construida por las gentes
y mi madre.

Te yergues en puntas de pie
ligera como una écharpe
convienes la perdida de peso
modificaciones de gastos y costumbres.

Despojada de fuerzas
sin argumentos valederos
acepto el perfil de pacífica pareja.

(Interiores, p. 37)


Este poema se estructura en dos partes bien definidas. En las dos primeras estrofas la voz poética describe el accionar del Tú, es decir, el otro femenino. Este se muestra dominante frente al colectivo recriminador y el entorno familiar, que queda representado por la autoridad materna; ambos resultan marcados por su aparente debilidad. Más adelante, se usa el símil para resaltar las cualidades de ese Tú, que aparece ligero y suave como un écharpe, vocablo del francés que significa `bufanda´; pero, en realidad, es todo lo contrario, es tan desafiante y lúdico que logra internarse en el mundo cotidiano y propio del Yo poético, quien se rinde a sus encantos y su fuerza innata.
Por último, en la segunda parte del poema, que se reduce a la tercera estrofa, observamos que el Yo poético, sin duda femenino (se usa el adjetivo “despojada”), asume un rol pasivo, y habría que agregar dominado, en la relación de la pareja lésbica. Es el Yo lírico que queda privado de fortaleza, argumentación y validación, quien prefiere la reconciliación y no así el enfrentamiento con el otro. Es más, tampoco parece afrontar de manera directa a ese colectivo (o “las gentes”) ni a la propia madre.
Pasemos ahora a analizar el poema titulado “Ilusión”:

ILUSIÓN
por breves segundos,
tu mano se detuvo en la mía,
nadie se percató que fue tomada

(Carnet, p. 49)


Lo que caracteriza a este poema es su brevedad que nos recuerda la concisión de la poesía japonesa. Al leerlo, se puede apreciar en un primer instante la manera sutil cómo la voz poética nos hace ver que confluyen el tiempo y el espacio. Se trata de un lugar prohibido, en el cual sólo el Yo poético y el Tú aludido pueden acceder a ese instante precioso y aislado de los demás, en que la complicidad juega un papel muy importante. Nadie podría atreverse a entrar en ese espacio tranquilo y casi estático, donde dos seres entienden el valor de esos pocos segundos cuando las manos se entrelazan formando una unidad. Y es que con la tranquilidad de sentirse a solas la pareja crea un mundo propio distante del colectivo extraño, represivo y censurador, que se torna invisible ante sus ojos. Son unos segundos, como se señala, pero lo que trasciende, en realidad, es que ese tiempo le pertenece a la voz poética y se vuelve eterno, lográndose así una liberación cargada de complicidad.
Cabe añadir que en este instante la soledad y la marginalidad convergen para evidenciar la esencia de la comunicación, en el roce de esas dos manos, que agolpadas en medio de la multitud, expresan un estado de éxtasis.

El caso de Doris Moromisato (1962) es distinto. Por lo general, la voz poética nos hace pensar que estamos inmersos en un torbellino, que en forma de encabalgamientos asciende cada vez más en la estructura del poema. El Yo poético (femenino) se caracteriza por su sensualidad y hedonismo; es el deseo el que la lleva por diferentes vértices, mostrando texturas nunca antes vistas, formas que se superponen, olores que impregnan los versos, para evidenciar ese amor prohibido e incomprendido que simplemente se expresa con la mayor de las sinceridades. Es lo que se percibe en el poema:
Para amarte, también
(después de saber cómo ama Cristina Peri Rossi)


Para amarte, mi padre debió engañar a mi madre
y hacerla suya para empezar nuestra zaga.

Para amarte, Pizarro debió matar a Diego de Almagro
y con la sangre de los indios inventar una inmensa
leyenda
y un río inmenso de sangre.

Para amarte, padre y madre debieron balancear
sus dudas
sobre el azul del Pacífico,
resistir al desarriago y balbucear
los implacables signos de una lengua desconocida.

Para amarte, debió estallar la guerra al otro lado del
mundo
y sus petardos derribar la divinidad
de un pequeño Emperador montado en un grande y
humilde caballo.

Para amarte, un lapicero sufrió los embates de mi
fantasía
mientras escribía versos, oculta, bajo la luna y las
higueras
intentando amansar en mi pecho la ira y la confusión.

Para amarte, amaestré mis dedos, ocaso tras ocaso.

Para amarte, debieron derrumbarse las vallas
y marcharse de tu cuerpo los miedos.

Para amarte, debió engendrarse en mí la duda
de qué color tus pezones cuál su textura entre mis
labios de qué profunda materia tu vulva tu filuda lengua
qué capricho qué arco iris nacerían en tu cintura qué
decibeles para tus orgasmos.

Para amarte, debí escribir este poema
para que nadie diga nunca que no te amé
como un continuum
para que este amoroso estallido no muriese en el aire.

(Diario de la Mujer Es ponja, pp. 27-28)

Como se observa, el Yo poético se da a conocer con la mayor de las solturas; evoca toda la travesía que ha realizado para llegar al ser amado, sin duda femenino también, como es evidente en la parte final del poema:

“Para amarte, debió engendrarse en mí la duda
de qué color tus pezones cuál su textura entre mis
labios de qué profunda materia tu vulva tu filuda lengua
qué capricho qué arco iris nacerían en tu cintura qué
decibeles para tus orgasmos…”

(Diario de la Mujer Es ponja, p. 28)

Estos versos nos muestran la sensualidad y el erotismo expresados en sus más altos decibeles. La voz poética nos enseña el colorido paisaje del cuerpo femenino que ante nuestros ojos se exhibe. Así, la palabra se sirve de sí misma para su expresión más pura dentro del poema. El recurso usado es la anáfora: “Para amarte”. Ésta sirve para enumerar una serie de sucesos históricos y familiares, que sólo son usados como excusa, para mostrar con la mayor sencillez todo el trayecto que ha debido ocurrir, para que, al final, sea posible y natural el encuentro de la pareja. Más adelante se agrega:

“Para amarte, debí escribir este poema
para que nadie diga que no te amé
como un continuum
para que este amoroso estallido no muriese en el aire…”

(Diario de la Mujer Es ponja, p. 28)

En este extenso poema y desde su título se hace un homenaje a Cristina Peri Rossi, máxima representante de la poesía homoerótica en Latinoamérica. Así, pues, por medio de esta poesía silenciada por la crítica local, la poeta Moromisato expresa simplemente el encuentro amoroso de una pareja lésbica.

Otra es la experiencia ante la poesía de Violeta Barrientos (1963). El Yo poético plantea el aprendizaje de aquello que no sabemos nada y menos aún imaginar. Este tipo de poesía se representa como una orquídea, es decir, una flor que sólo puede crecer con la mayor de las humedades; de allí que para el Yo poético resulte un elemento emblemático. Conforme se avanza en la lectura del texto, el Yo poético nos va mostrando los diferentes caminos, siempre cercanos a la naturaleza, y aludiendo a la marginalidad. Veamos en seguida el poema más conocido y antologado de la autora:

Las imposibles orquídeas

Vago sobre un vientre andrógino criador de bestias
guardián secreto de grutas negras
escondrijos en que hurgo buscando aromas subterráneos
perdiéndome en el fondo más oscuro y húmedo.
Orquídeas bajo tierra
donde manos no alcanzan sus venas violáceas.

Contemplo el jardín de mi deseo insatisfecho:
leves mentiras como un beso robado y devuelto
fugaces caricias corriendo bajo la piel.
Mas en el fondo voy de bruces
enredándome en cabellos, melenas,
anchos brazos como ríos, troncos, curvas ramas
hasta cubrirme de maleza y ya no ver
las simples florecillas,
cuerpos amables ofreciéndose a mis pies.

Se entumecieron mis dedos tras lo imposible de tocar
y sin ojos de ver, creyéndome diosa desde mi altura,
comparé distancias
pareciéndome cada cual más corta,
más fácil de superar.
Perdió el mundo su color, las flores,
se hizo de sombras
y creció mi abismo dejándome en roca desnuda
de rara vegetación.
Dormida en el agobio de esa soledad
soñé permanecer en una flor intensa,
en la fragancia carnosa de una orquídea enterrada
introducirme en pisadas nocturnas sin ser descubierta
alimentando mis fuerzas de sus entrañas
Y ya no comparé distancias,
no existían nombres ni medidas
y la única belleza fue la imposible de tocar,
de contemplar, de retener
porque el deseo, no se puede nombrar
sólo padecer.

(El innombrable cuerpo del deseo, pp. 9-10)

Este texto nos muestra cómo el Yo poético se eleva hacia lo más alto, desde donde observa a otros personajes femeninos. Y tras haber reducido las distancias, se da cuenta de que es mejor buscar una flor intangible, que queda expresada en lo más profundo de su ser y transformada en palabra poética. Así, concluye que es en ese lugar perfecto donde halla la respuesta a todo, entiéndase la soledad del ser. Es en este espacio interior que experimenta el deseo, un sentimiento que sólo se padece mas no puede ser nombrado. Aquí se observa la representación de la soledad, la voz poética halla la respuesta en esa orquídea silenciosa que describe y tanto anhela.
Para entender el poema citado, vamos a dividirlo en tres partes, tal como se plantea su estructura. La primera nos remite a la oscuridad y la humedad para evocar los genitales femeninos; la segunda, explica cómo esta voz poética recorre el cuerpo del ser amado (femenino), totalmente arrobada en sí misma y distante de la cotidianeidad; y, en la tercera parte, el Yo poético nos revela esa soledad propia de los seres que, al tratar de entender lo que significa el amor, la palabra y su conjunción; les es indispensable sentir primero, para luego liberarse. El Yo poético se presenta vigoroso al referirse a una flor intensa, aromática y bella que le es imposible poseer, curiosamente en su ausencia la voz poética la desea más, pues, al poseerla perdería todo su encanto. Con lo cual se puede aseverar que en estos versos se observa un halo de sufrimiento enfrascado en las palabras, que le otorga fuerza al poema.
Es de esta manera que Violeta Barrientos nos muestra a la mujer que es a la vez objeto de deseo y sujeto. Es una poesía que trata de alimentarse del cuerpo del ser amado, ya que en ese encuentro con el otro (femenino), es que quedan yuxtapuestas todas las sensaciones, los matices y el reconocimiento del propio cuerpo. En otras palabras, se trata de una poesía cargada de deseo, misterio, persistencia e innovación.
Además, es obvia la búsqueda del Yo poético a través de la palabra, que alude en todo momento a la corporeidad femenina, la misma que es apreciada por medio de los sentidos y la exaltación de un deseo que no llega a ser cumplido. Se puede agregar que ese Yo poético marginal y doliente, se manifiesta con mucho recelo, desde los primeros versos. Por eso, el lector es el llamado a completar el poema en su lectura, a entender el dolor que expresa esa voz poética a través de múltiples abismos, rocas desnudas y la soledad agobiante que la rodea.

En síntesis, estas tres maneras de concebir la poesía se basan en la trasgresión que hace del poema un espacio lúdico y provocativo, donde la sensualidad y el erotismo nos llevan a observar ese nuevo mundo amatorio, en el que el destinatario es el otro femenino. Así se logra romper con lo establecido, la heteronormalidad que privilegia la sociedad actual, con lo que el contenido erótico adquiere otro tipo de connotaciones, y causa, en un principio, extrañeza y, al final, cobra un mayor valor expresivo.
Ahora bien, las tres poetas en mención, tienen el amor por tema central. Para Esther Castañeda, éste es posible en un tiempo y espacio de conjunción iluminada de la pareja, en la que la palabra perfecta tiene cabida, basta mencionarla para que ese instante se vuelva único. Sucede muy diferente con Doris Moromisato, cuya poesía es un perfecto torbellino de sensualidad al puro estilo de Peri Rossi, como ella misma lo insinúa en el título de su poema. Es un torbellino vuelto palabra, intenso y creciente, sin tanteos ni medias tintas, cargado de colores, texturas y olores. Es una poesía inquieta que recurre a los sentidos y a un referente homoerótico. Finalmente, se puede decir de la poesía de Barrientos que es como la representación de un pájaro errante y observador del proceso amatorio, que revela en sus versos una soledad intrínseca ya que no encuentra el amor.
Además, se observa en estos textos, que aunque el encuentro amatorio ocurre, dentro de un espacio cerrado y vetado, se logra la comunicación entre el Yo poético y el Tú, puesto que poseen códigos privados de complicidad; en cambio, el colectivo queda expulsado de este mundo homoerótico incomprendido y discriminado pero único. Es así que el amor y el deseo quedan expresados libremente en estos poemas, en los que se opta casi siempre por imágenes sensoriales y sugestivas.
Con respecto a lo analizado anteriormente, se propone lo siguiente apelando a la simbología: a) Esther Castañeda representa el agua que se deja llevar por las sensaciones más calladas; b) Doris Moromisato se interna en el fuego de sus extravíos profundos; y c) Violeta Barrientos se convierte en el viento que penetra las diferentes estaciones de ese cuerpo femenino. Se trata de tres destacadas autoras que en conjunto logran la representación del homoerotismo en la poesía peruana contemporánea.
Para terminar, se concluye que:
1.- Existe una búsqueda interna del Yo poético mediante la complementación con el otro femenino, por medio de la corporeidad y la palabra.
2.- En los textos analizados se observa la comunicación en el encuentro amatorio de la pareja lésbica, a pesar de la proximidad de un colectivo censurador que desaprueba y prefiere ignorar su existencia.
3.- La soledad y la marginalidad del Yo poético están presentes en los poemas estudiados; pero aún así cada autora logra de manera diferente expresar el deseo y la sexualidad homoerótica, superando los prejuicios y la intolerancia de la sociedad peruana.

BIBLIOGRAFÍA

BARRIENTOS, Violeta
1992 El innombrable cuerpo del deseo. Lima: Edición de la autora.

CASTAÑEDA, Esther
1994 Interiores. Lima: Amaru Editores.
1996 Carnet. Lima: Magdala Editora.

FRANCISCO, Maiki Martín
s/f “Otra forma de amar”. http://www.ovejasnegras.com/culturales/ 5 de julio: 2007: 12.12 pm.

MOROMISATO, Doris
2004 Diario de la mujer es ponja. Lima: Ediciones Flora Tristán.

ROBLES, Marcela (Editora)
1993 A flor de piel. Lima: Peisa.

UGARTECHE, Oscar
1997 India bonita (o del amor y otras artes). Ensayos de cultura gay en el Perú. Lima: MHOL.

VALDIVIA, Alberto
2004 “Las artistas del género: discursos de género y poesía en la mujer peruana
contemporánea y finisecular (1989-2004)”. Ajos & Zafiros 6: [57]-90.

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