Yapatera, de cabeza por tierra, esa es mi primera parada en Yapatera. Distraída observando las aves y no el camino, pise una piedra. Pero me levanto enseguida. Sentadas junto al camino vemos a las motos llegar, a las carretas, a la gente que no se detiene, mangos y más mangos. En casa de Abelardo observamos sus máscaras, su cerámica y sus cepos en miniatura. Abelardo además tiene un cepo verdadero, que es que lo inspiro a hacer los pequeños. La gente en su plaza habla pausadamente, los chiquillos corretean, algunos juegan casino en sus casas, la mayoría fresquea, ¿qué más se puede hacer además con este calor?, pienso. Uno tiene que esperar a que sea bien tarde para salir a conocer gente, a entrevistar sin que se den cuenta, es la única manera de conseguir lo que queremos, pero la gente es maravillosa, y es hacerlo se convierte en un placer para todos los involucrados, incluyendo los pájaros. La ciudad parecería dormir, sino fuera por la motos de la plaza, pero en general la gente anda muy quieta, comiendo mangos, bodoques, cremoladas y helados, repito ¿qué más se puede hacer con ese calor? Llama la atención como ahora que hay electricidad aún las familias son muy numerosas, pero en fin para hacer el amor me imagino todo el mundo hace tiempo. Yapatera posee un cerro llamado Puntudo, repleto de otros árboles diferentes al algarrobo, pues allí ya comienza la sierra. La gente del ande ha poblado también a Yapatera y por lo mismos los afroperuanos se están transformando en pobladores mestizos. ¡Es una verdadera pena! Pero nadie manda cuando se enamora, así como yo misma me he enamorado de Yapatera, ¡lastima de las plagas! sino me quedaba, hay de sapos, de grillos, peloteros, etc, en realidad son innumerables. Aún así Yapatera resulta un lugar bello, su gente es grata, aunque desconfiada de todo y de todos.
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miércoles, 30 de diciembre de 2009
Chulucanas (Una ciudad que nos sorprende)
La ciudad de Chulucanas tiene un parque central muy bonito, lamentablemente el ruido de las motos me hace recordar a Lima, la gente aglomerada en la iglesia contrasta con la forma en que estafan a los turistas, mal encarados, agresivos. Nunca sabrá Ud. en Chulucanas el precio verdadero de algo, cambia cada día...así es Chulucanas, nos sorprende cada día. Es una ciudad que posee todos los servicios, mientras que Yapatera, Chapica y Talandracas que también pertenecen a Chulucanas y pesar de estar todas a 15 minutos de la ciudad, ninguna de las dos posee desague, seguramente dirán, pero si la vida de campo es así, pero la verdad es que cuando pasas muchos días fuera de tu casa, te das cuenta que los servicios son necesarios para todos los seres humanos, pues acarrear agua desde el río es una tarea tremenda. La gente de esto tres lugares es muy desconfiada, no desean hablar con extraños, no simpatizan de los chulucaneños. En Yapatera por ejemplo tienen agua dos veces por semana, y el resto del tiempo se las tienen que arreglar como puedan. Abelardo Alzamora nos cuenta que La Pilca (cerca de Yapatera), una zona donde el río y las plantas son una maravilla, son invadidos por los Chulucanos los días lunes y domingos, junto con ellos, llegan los vicios, la borrachera, las discotecas ambulantes, la basura. A los Yapateranos no les agrada que la gente de Chulucanas invada La Pilca, pues no les beneficia en nada y además malogran todo, como si unas langostas arrasaran con todo a su paso. Aparentemente Chuluanas es una especie de pequeño mosntruo que destruye todo a su paso. Los caminos a Talandracas son un verdadero martirio, para la salud y además la gente que vive en Frías, un poblado que queda más arriba (de gente andina) talan indiscriminadamente los algarrobos, sin que la gente de Talndracas proteste en lo más mínimo, por lo cual el paisaje habrá cambiado en unos cinc años más, desapareciendo todos los bosques que existen en la zona. En cuanro a Yapatera, nos dice Abelardo Alzamora el camino no estaba asfaltado hace tres años. Allí mismo en Yapatera conocí a unas niñas preciosas, que se lanzaron entre brincos para que les tomará unas fotos, me recordaron a mi hija, ella tiene doce y se tuvo que quedar en casa porque tenía examenes finales en el colegio, ella quería venir, pero no pudo ser, eso me entristece un poco, pero a veces hay que hacer lo que se debe hacer y no lo que uno quiere hacer. Cuando uno siente que tiene un deber para con la humanidad debe retirarse muchas veces de la Capital para observar lo que sucede en lugares remotos.
Abelardo quiere crear una nueva artesanía para Yapatera, con el algarrobo, con Milagros estuvimos hablando de eso en la noche después de irnos a acostar, se nos venían muchas ideas a la cabeza, ojalá Abelardo logre definir bien lo que desea hacer, es un hombre decisivo, que no dubita mucho, pero lleno de sueños por cumplir, es muy charlatán, educado, un poco tímido para las fotos, pero feliz de recibir la visita de Milagros Carazas en su casa.
Cansadas en la tarde nos dirigimos a conocer a Fernando Barranzuela, allá en Yapetera mismo, un señor muy coqueto, parlanchín, vivaz, inquieto que dice sus cumanas muy desenfadado. Lo miró de reojo, tampoco le agradan las fotografías, parece que en general todos los provincianos desconfían de las fotografías, pero siempre estoy escondida en algún lugar tratando de lograr la mejor toma, es el entretenimiento, Milagros les dice: Es que le encantan los pájaros (lo cual es cierto), pero así ellos creen que estoy tomando fotos a pájaros en los árboles, mientras yo hago de vez en cuando un zoom al informante, otras veces a las aves y otras tantas a los pájaros.
Ya perdí la cuenta de los días que estoy fuera de casa, por eso ya no enumero los días, pero lo tengo todo escrito en una pequeña libretita, así en cuanto llegué a Lima, pondré todo al día.
Mientras tanto disfrutaré de los paisajes, de la inocencia de las personas de provincia, de la tranquilidad y de todas las maravillas que encuentro en el camino.
Nota:Las fotos por el momento no podrán ser publicada debido a la falta de tecnología adecuada para ello.
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Chapica (un paraíso de algarrobos)
Chapica es un poblado ubicado a 15 minutos en moto desde la ciudad de Chulucanas, el camino se encuentra rodeado de palmeras donde los gallinazos divisan sus presas, junto a dátiles frescos en sus ramas, algunos tordos cruzan el camino de tierra junto a algunos chiscos, que mostrando su plumaje plomizo, no deja de mostrarse en todo momento. La tierra se mete en la boca, los oídos te zumban y la cabeza se pone blanca de tanto polvo que hay en el camino. Toda la gente que hay en el camino te saluda, pero los motociclistas tienen las costumbres de la gente de ciudad y se detienen a recogerte si tienen ganas, si no te dejan solearte algunos minutos a su gusto. Chapica está dividida en Carmelo, Campanas y Fatima, antes era solamente una Chapica, pero ahora hay tres Chapicas, pero todas se encuentran cerca una de otra en moto. Lomas alrededor del poblado repletas de algarrobos marrones, otros negros, otros retoños verdes y muchos cactos del tamaño de un árbol te acompañan en la caminata, pues es mejor observar pájaros a pie, ver los nidos, los polluelos, y ver como se desarrollan sus habitats a pesar de la basura que cerca de Chapica se encuentra. Pese a todo Chapica es un paraíso perdido, qué ojalá continue así por años, es simplemente un lugar donde la soledad se acerca pacíficamente a tu alma.
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